El 2 de febrero, las mujeres mexicanas inundaron las calles de la Ciudad de México y los medios sociales con cánticos y hashtags como #VivasNosQueremos (nos queremos vivos), #NiUnaMás (ni una mujer más), y #NoEstamosSolas (no estamos solas) para protestar contra los asombrosos niveles de violencia contra las mujeres en su país. Un promedio de nueve mujeres fueron asesinadas cada día en México en 2018, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

Alrededor de 4000 personas se reunieron en Monumento a la Madre y marcharon hacia el Zócalo en la capital, la Ciudad de México. La noche anterior, cientos de mujeres se unieron a paseos en bicicleta en trece ciudades mexicanas diferentes -con 200 ciclistas sólo en la capital- para la Rodada por la Vida y la Libertad de las Mujeres.

Las manifestaciones fueron convocadas después de que una investigación del periódico El País revelara que 153 personas, en su mayoría mujeres, han sido secuestradas en el metro de la Ciudad de México en los últimos cuatro años. Los manifestantes exigen que se ponga fin a los feminicidios y que las autoridades implementen medidas de seguridad adecuadas para las mujeres en los sistemas de transporte público.

Propuestas

El 1 de febrero, las autoridades de la Ciudad de México se reunieron con las víctimas, sus familias y grupos de la sociedad civil para elaborar conjuntamente un plan para combatir la violencia contra las mujeres en los espacios públicos.

Las autoridades propusieron medidas como el establecimiento de unidades móviles de la Fiscalía para ayudar específicamente a las mujeres que han sido víctimas de la violencia de género mientras utilizaban el transporte público. Los funcionarios también prometieron mejorar la iluminación alrededor de las estaciones de metro y reforzar la vigilancia.

Pero muchos piensan que son insuficientes. En México, más del 90 por ciento de los delitos no se denuncian por falta de confianza en las autoridades. Muchas víctimas temen represalias o que las autoridades pongan en duda su experiencia.

La presión ciudadana parece haber producido algunos resultados, al menos: el número de quejas de mujeres que fueron atacadas en el sistema de transporte público de la capital se ha disparado. Gracias a ello, las autoridades pudieron trazar un perfil de las víctimas.