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Ejemplos de haiku


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Por César Sánchez Ruiz



Quedó en el árbol / una hoja amarilla. / Detrás, el cielo.



Si has llegado aquí es porque quieres leer algunos haikus. En este artículo voy a mostrarte unos cuantos, y al final te incluiré un enlace para que puedas leer más.

Cómo ya debes de saber, el haiku es un género poético de origen japonés. Los haikus se escriben, según la tradición, en tres versos sin rima, de 5, 7 y 5 sílabas, respectivamente. Suelen mostrar escenas de la naturaleza o de la vida cotidiana y a menudo incluyen una palabra o expresión que remite a un momento del año. Si quieres saber más sobre las características de este tipo de poesía, puedes leer este artículo.

A continuación tienes ya los haikus. Son nueve: una selección que he hecho de entre todos los que conozco.

El primero es uno de Matsuo Basho (1644-1694):


Luna de agosto.
En el portón irrumpe
la marejada.


Matsuo Basho


Matsuo Basho fue el pionero de este género poético. En este haiku, el kigo (la palabra o expresión que hace referencia a un momento del año) es «Luna de agosto», que nos remite a una noche de este mes.

El siguiente es de uno de sus discípulos, Takarai Kikaku (1661-1707):


¡Ah, el mendigo!
El verano lo viste
de tierra y cielo.


Takarai Kikaku


Como ves, también remite al verano. A menudo, en los haikus, se juega con el contraste de elementos: en este haiku que acabas de leer, se menciona tanto la tierra como el cielo.

El que vas a leer ahora es de Tan Taigui (1709-1771):


Mañana fría.
Voces de peregrinos
que se despiden.


Tan Taigui


En este caso, el kigo es la expresión «Mañana fría», que nos remite al invierno.

A continuación tienes uno de Oshima Ryota (1718-1787):


Lluvias de mayo.
Una noche, furtiva
la luna en los pinos.


Oshima Ryota


En él vuelve a aparecer la luna. En este caso, el haiku remite, de manera directa, a la primavera.

El siguiente es de Kobayashi Issa (1763-1827), otro gran maestro haijin:


Al Fuji subes
despacio —pero subes,
caracolito.


Kobayashi Issa


En este haiku, el kigo es la palabra «caracolito», que nos remite igualmente a la primavera, aunque, en este caso, de manera indirecta: es en primavera cuando los caracoles más se dejan ver.

El sexto ejemplo es de otro autor clásico, Masaoka Shiki (1867-1902):


Corté una rama
y clareó mejor
por la ventana.


Masaoka Shiki


La poda es un kigo de invierno. Fíjate en que algunos de los haikus que he mostrado sí tienen rima, pero pasa desapercibida. De eso se trata en un haiku: de que la atención no la llamen las palabras en sí, sino el instante mostrado.

Tienes ahora uno de Kijo Murakami (1865-1938):


Mañana de otoño.
Me miro en el espejo
y veo a mi padre.


Kijo Murakami


La estación del año, en los haikus, suele simbolizar una época de la vida: en el haiku que acabo de poner, el otoño simboliza la edad adulta, en la que la juventud (el verano) ya ha quedado atrás.

El que vas a leer a continuación es de Taneda Santoka (1882-1940):


Por más que las cruzo,
por más que las cruzo,
montañas verdes.


Taneda Santoka


El verde de las montañas nos remite a la primavera. Como ves, los haikus se escriben con un estilo sencillo, coloquial: apenas hay lugar para las metáforas, el vocabulario culto, las expresiones rebuscadas... Fíjate también en que este último haiku no tiene exactamente 5-7-5 sílabas, sino que el verso inicial tiene una más de las esperadas, mientras que el central tiene una menos, pero no por ello se lee mal; perfectamente podemos escribir haikus que no tengan exactamente 5-7-5 sílabas, que no por ello dejarán de ser haikus.

Para acabar, un haiku de un autor occidental: Tomas Tranströmer (1931-2015):


Ladrón cazado:
con los bolsillos llenos
de setas frescas.


Tomas Tranströmer


El kigo, en este haiku, es la expresión «setas frescas», que nos remite al otoño.


Si no has tenido suficiente con esta tanda, aquí tienes algunos haikus de mis alumnos.

¿Quieres que te enseñe a escribir haikus? He escrito un artículo en el que doy a conocer la técnica básica de este género poético. Es un contenido que no he publicado en el blog. Si lo deseas, puedes descargártelo.



Sendas de Oku, Matsuo Basho, versión en castellano de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya, UNAM, 1957.
Jaikus inmortales, Antonio Cabezas, Ediciones Hiperión, 1983.
9 haikus del hospicio Hällby, Tomas Tranströmer, 1959.