Más allá del enojo y cerca de la violencia, la ira es una reacción emocional natural en el ser humano que, como otras emociones, tiene objetivos de supervivencia (huir o defender), pero que fuera de control puede, incluso, resultar letal.  

Cuando la ira, nacida del instinto de protección, se exacerba sin verdadera necesidad (no está en riesgo la vida) se evidencian consecuencias extremas, tanto a nivel físico como de comportamiento. 

El pulso se acelera, el corazón late rápidamente y la respiración se agita; pero también un ser iracundo tenderá a gritar, intentar golpear o lastimar a otros, insultar, etc. 

Como consecuencia, el entorno emocional se ve afectado —particularmente en las relaciones personales— cuando los otros se sienten intimidados frente a la reacción desproporcionada y agresiva de quien experimenta la ira.  

Dime qué piensas y te diré qué tan iracundo estás 

Como en otros casos de índole emocional, la ira está ligada a los pensamientos distorsionados y negativos que tenemos en situaciones generalmente estresantes o agobiantes, momentos que nos hacen sentir en peligro. 

A manera de defensa, el cerebro libera catecolaminas, neurotransmisores que incluyen adrenalina, noradrenalina y dopaminas, los cuales son sintetizados a partir del aminoácido tirosina y cuya función es preparar al organismo para la defensa o la huida.  

Estos neurotransmisores provocan un aumento de energía en el organismo para que este reaccione frente al evento amenazante. La descarga de energía perdura el tiempo necesario, según la magnitud con la que el cerebro haya identificado la amenaza. 

Una amenaza pequeña debería generar una reacción que pase rápidamente. Pero si en el pensamiento la amenaza se reitera o se prolonga, la reacción cerebral se continuará.  

Igualmente, la amígdala cerebral permanecerá aún más tiempo activa y se moverá a través de la excitación de la rama adrenocortical del sistema nervioso. Su función es la de dar el tono adecuado a la respuesta del organismo a una condición emocional. 

Una cadena de pensamientos negativos puede desatar la ira 

Cuando se mantienen activo este mecanismo, una persona puede ser proclive a enfadarse por cualquier cosa.  

Situaciones que para otros podrían ser insignificantes, para quien mantiene una producción constante de catecolaminas le producirían reacciones más violentas, que incluso suelen ser acumulativas hasta desatar un grave comportamiento iracundo.  

Un ejemplo se puede observar cuando los acontecimientos adversos en la vida diaria generan en el individuo pensamientos negativos que se encadenan.  

Todo comienza con un incidente de tránsito, un mal servicio en el desayuno y un sujeto que detuvo el elevador, todo ello causa un retardo para llegar al trabajo y le pone de mal humor. Los pensamientos negativos se siguen produciendo y con ellos la reacción cerebral se continúa.  

Cuando llega a su oficina, el mecanismo cerebral que detona la reacción iracunda está funcionando de manera exacerbada lo que agrava la reacción neuronal hacia la ira. El personaje en cuestión podría tener un episodio de ira violenta si en la junta del trabajo algo no sale como esperaba. Y es que ya su cerebro tenía la inercia del enojo.  

Las condiciones estresantes agravan la reacción neuronal hacia la ira.  

Cada uno de los nuevos pensamientos irritantes se convierte en detonador de una nueva descarga de neurotransmisores por parte de la amígdala, que se ve fortalecida por el impulso hormonal precedente. De esta forma aumenta vertiginosamente la escalada del nivel de excitación fisiológico. 

Así, la ira se ve exacerbada y puede desencadenar reacciones violentas. Todos los pensamientos giran alrededor del deseo de venganza y a la represalia, sin detenerse a considerar las posibles consecuencias de estos actos.  

Los expertos nos dicen que este alto nivel de excitación alimenta una sensación de poder e invulnerabilidad que da lugar a la agresividad. Se pierde la guía racional y la persona iracunda experimenta una respuesta primitiva.  

La ira prolongada pierde racionalidad 

Cuando la ira es frecuente o desproporcionada, el iracundo valora el contexto como algo terrible, cuando en realidad no lo es. Las reacciones limitan la comunicación pues el proceso cognitivo se ve limitado: la gente no piensa cuando está enojada y suele decir cosas de las que tal vez se arrepienta o, incluso, puede llegar a tener comportamientos agresivos. 

Un estudio realizado por científicos del Instituto Nacional en Bethesda, de Estados Unidos, demostró que personas que mostraron actitudes agresivas fueron propensas al deterioro de sus funciones cognitivas, sobre todo, las que tenían dificultades para lidiar con el estrés diario. 

Externar la ira de forma inadecuada puede genera problemas interpersonales graves. Sin embargo, no externarla y mantenerla internamente por tiempo prolongado podría tener efectos psicofisiológicos que se relacionan con problemas de salud, como hipertensión, infartos, daños cardiovasculares.  

Además, esta clase de ira interna se acompaña de otras emociones negativas como la frustración, la ansiedad o la tristeza.  

Cuestión de hormonas 

El efecto de la ira está vinculado a altos niveles de testosterona —hormona relacionada con la conducta agresiva— y con bajos niveles de cortisol; en el sistema nervioso central, destaca la actividad cerebral asimétrica de los lóbulos frontales que se produce cuando se experimentan estas emociones. 

De igual modo diversos estudios han identificado zonas que se activan ante la presencia de enojo y molestia y que inhiben el proceso cognitivo. Áreas cerebrales vinculadas al control de las emociones y a la toma de decisiones. En un estado de enojo o ira pueden agostarse y dejar de funcionar correctamente.  

NeurOptimal® para la mejora personal 

Considerando que la ira es un proceso que se detona y modifica la conducta desde el cerebro, también puede revertirse mediante un entrenamiento que produzca cambios tanto en la percepción de peligro constante que se da en la persona iracunda como en la reacción que ésta pueda tener ante los estímulos “peligrosos. 

A través del método de NeurOptimal® utilizado en NeuroDOZA se puede aplicar el neurofeedback dinámico para lograr mayor motivación y equilibrio, control emocional y control de impulsos, así como para encontrar mejoría en momentos de estrés, ansiedad y angustia.  

NEURODOZA | ¡HAZ TU CITA!

 

Translate »
Inscríbete

Inscríbete

Recibe nuestra lista de precios, descuentos, promociones especiales y nuestro boletín informativo. verifica todos tus buzones de correo.

¡Felicidades! En pronto recibirás maravillosas noticias de nosotros