La Hermosura de la Santidad

Resumen

La santidad nos hace actuar como Jesús, siendo transformados a Su imagen, para que seamos más atractivos para el mundo.

Hemos escuchado la expresión: “La belleza está en los ojos del observador”. A mi hija Jewell le gustan los cerdos, y probablemente le han gustado los cerdos por algo de 16 años. Ella tiene un adorno tejido de un cerdo dentro de un corazón, con esta expresión en el bordado. Tal vez yo podría tener un adorno similar, ¡pero con la imagen de una culebra!

Nosotros somos “hermosos” para diferentes personas. Somos “hermosos” para nuestros cónyuges. Mi esposa es hermosa interior y exteriormente para mí. La belleza exterior es más subjetiva que la belleza interior. La belleza interior (aquellas cualidades buenas de carácter que casi todos pensamos que son atractivas) es más consistente a través de la historia humana, el tiempo, la cultura y el lugar. Esta belleza interior es la que podemos ver en Jesús o en el fruto del Espíritu Santo que Pablo nos insta a desarrollar en la vida (Gálatas 5:22-23).

La meditación del rol del Espíritu Santo en la vida nos lleva a reflexionar en una expresión del Antiguo Testamento: la hermosura de Jehová. Considere lo que el Rey David escribió en el Salmo 27:4:

Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.

¿Qué es la “hermosura de Jehová”? Es las cualidades completas del Padre celestial que se hacen visibles a través de Su Hijo y que se nos revelan por medio del Espíritu de santidad (Romanos 1:4). El Espíritu Santo crea tal belleza de santidad en nosotros cuando seguimos Sus instrucciones (vea Juan 17:17).

En un libro sobre la santidad, Devoto a Dios, Sinclair Ferguson escribe que “la santidad coloca nuevamente en nuestra vida la hermosura de carácter personal para la cual fuimos creados originalmente pero que ha sido terriblemente mancillada. Por ende, la Biblia habla de la hermosura de la santidad”[1] (e.g., 1 Crónicas 16:29; Salmos 29:2; 96:9; 110:3).

Pienso que dos implicaciones del enunciado anterior son bíblicas y merecen nuestra consideración: (1) La santidad nos separa del mundo, lo cual es la definición básica que usualmente se da a la “santidad”. El mundo está en tinieblas, manchado por el pecado; pero la santidad nos separa de esas tinieblas y pecado. (2) La santidad nos hace actuar más como Jesús, siendo transformados más a Su imagen, para que seamos más atractivos para el mundo (vea Colosenses 3:9-14).

¿Tiene una vida santamente hermosa?

Referencia

[1] Ferguson, Sinclair (2016), Devoto a Dios [Devoted to God] (Carlisle, PA: Banner of Truth), p. 12.